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miércoles, 13 de diciembre de 2017

SOPAS PEROTAS

Este lunes que llovió tantísimo, salí de casa bien preparada para el temporal, o eso creía yo. En cuanto llegué a la parada del autobús, me cogió una racha de viento y de agua que me volvió el paraguas y de abogada limpita y decente con su carterita y su canesú me convirtió en pollo mojado, todo ello en dos segundos. Me subí al autobús, empapada pero aún digna. Tuve una mañana complicada de trabajo,  además congelada desde mis cuerpos sutiles hasta la médula de los huesos, y cuando fui a coger el autobús de vuelta, tuve que esperar a que la conductora tuviera a bien abrirnos la puerta a todos los de la parada, que estábamos arrecidos; pero nada, allí estaba ella, mirando al tendido e ignorando nuestras caras suplicantes hasta que fuera la hora en punto. Mujer sin entrañas. Como podéis imaginar, era uno de esos días en que uno mata por llegar a casa y siente una pena grandísima de sí mismo y de su mismidad. Pero como en casa no había nadie dispuesto a compadecerme, aparte del Curro, animalito, lo que hice fue preparar una sopa tal que la que hoy traslado. Y, oye, como sustituto del calor humano hay veces que no funciona del todo mal.
Y eso que yo de pequeña no podía soportar las sopas de pan. En mi casa vivíamos bajo la tiranía del pan de viena, y no se compraba otro, porque ése era el que le gustaba a papi (las madres de nuestra generación mimaban a sus maridos de forma abyecta en el tema culinario) Mi madre y mi hermana no comían pan, que como todos sabemos era el Anticristo de las dietas. Mi hermano paraba poco por casa y cuando lo hacía se comía lo que le echaban, y yo en mi  tradicional zampabollez hacía lo mismo. (mi hermano me llamaba cariñosamente "la trituradora humana") Me encantaba y me encanta el pan, aunque hoy día me haya vuelto algo más selectiva, y siempre haya preferido el pan cateto en condiciones. Me comía las vienas chicas solas, y si me pillaba alguna visita en el acto de jalarme el bollo a palo seco, siempre había quien me decía aquello tan estúpido de "pan con pan, comida de tontos". Doña Pepa nunca me permitía contestar adecuadamente lo que merecía aquella imbecilidad (lástima) Eso sí, cuando me mandaban a la panadería, pobre de mí si traía la barra poco cocida o me comía el pico; en ese caso tenía a doña Pepa protestando, según el caso, aquello de "no tienes más parientes que tus dientes" o "dile a la "jigona" de la panadera que cuando venga tu padre a protestar de que el pan está crudo se lo mando a ella". La verdad es que estaba yo un poco harta de tener que discutir con la panadera por el pan blancurrio, pero es que, además, había una cosa muy curiosa: si tú pedías dos barras, te hacía la siguiente pregunta metafísica:
-¿Quieres pan de pan o pan de viena?
-¿Pan de pan? ¿Y si el pan no es de pan, de qué es? ¿Ehhhh?
-Ay, niña. Pues que si cateto o de viena, hija. El pan cateto es "pan de pan" de toda la vida. Vamos.
Y yo me iba a mi casa rayadísima, y encima crié una fama de repelente y respondona nada despreciable. (Y no del todo inmerecida, todo hay que decirlo). Lo cierto es que de esas barras de viena cortaba mi madre las rebanadas finitas para las sopas, y a mí eso del pan mojado me daba mucho asco. Sin embargo, muchos años más tarde, cuando estaba ya ennoviada con mi santo y en trámites para  obtener plaza en la familia, mi suegra puso un día esta sopa, quizás intentando seducirme para que no me arrepintiese; siempre nos dijo a las nueras que no había derecho a devolución, la pobre. La miré (a la sopa, no a mi suegra) con ojos desolados y haciendo de tripas corazón, porque siempre fui muy bien criada, me tomé una cucharada y descubrí que aquello sabía buenísimo, porque estaba hecho con un pan asentado en condiciones, y no como le salía a doña Pepa, que me parecía tener en el plato el estanque de los patos del parque con el pan flotando. Perdóname desde donde estés mami; pero aquello era para mí una guarrería infumable.
Ingredientes:
Una rebanada de buen pan cateto por persona.
3-4 tomates maduros o una lata de tomate triturado.
Un cubito de caldo.
3-4 pimientos verdes.
Una cebolla
Tres o cuatro dientes de ajo.
Dos o tres patatas.
Una rama de hierbabuena.
Aceite y agua.
El pan se trocea y se pone en el fondo de cada plato. Se hace un sofrito con el tomate, los ajos, el pimiento en tiras y la cebolla troceada, con el cubito de caldo. Las patatas se pelan, se cortan en cuadraditos y se fríen.
Se calienta agua y se va esponjando el pan con ella en cada plato. Se pone sofrito al gusto y un puñado de patatas fritas por comensal. Se añaden unas ramas de hierbabuena. Cuando el pan está esponjado, ya se puede comer.


La sopa es un maravilloso remedio para cuerpos y almas ateridos que no conviene desdeñar... y yo seguro que repito. La recomiendo mucho.
Os deseo muy feliz semana a todos.

miércoles, 29 de noviembre de 2017

MEGACOOKIE DE SARA

Hoy llego a casa más bien tarde. Me asomo a la mesa del comedor y diviso lo que parece ser el tupé de mi hijo encima de un cuenco formato plaza de toros.
-Hola, hijo. ¿Qué comes?
-Hola, mamá. Glumpffff...glumpffffff... arroz y carne.
-En cantidades exportables, por lo que veo. ¿Tú vas a poder con todo eso?
-Glllmpppp.... Pues a ver qué remedio. Es que he empezado una dieta hiperproteica. Por el gimnasio. Así que necesitaré que compres más carne de lo normal y otras cosillas....glllmmppp.
Acabáramos. Yo sabía que antes o después este momento llegaría, y desde luego esto es la ruina de una casa. Tengo en el congelador carne para alimentar a todas las fieras de un circo, y en la despensa avena para surtir a las caballerizas de la Guardia Real, así como arroz y pasta suficientes para sustentar tres campamentos de verano. Algunas veces me levanto por las mañanas y sale de la cocina un aroma a churrasquería argentina que puede resultar muy apetitoso..... a cualquier otra hora del día. Porque yo soy más de café y tostadita, muy clásica, y un filetazo en el desayuno, como que no te entra. Este niño va a conseguir que me haga vegetariana: le he cogido un asco a la carne a la plancha que no la puedo ni ver. Total, que en mi casa reinan la anarquia y el desgobierno culinarios: mi marido y yo somos los únicos que comen de un modo razonable, el mayor se ha declarado república independiente gastronómica y se hace sus comistrajos cuando y como le conviene, y el pequeño, Mr. Cachas, no da descanso a la parrilla de asar; con lo cual mi cocina es un jubileo las veinticuatro horas del día. Y ¿quién friega platos tres o cuatro veces al día?  ¿Quiéééén? Lo habéis adivinado: la tonta que suscribe. A ver, si no.
Sé muy bien que no debería permitir esto. Pero, para ponerme firme, tengo que empezar por estar de cuerpo presente; y últimamente ando con mi (primera) jornada laboral (lo que se viene llamando ejercer la abogacía) de cabeza, con lo cual mi (segunda) jornada laboral (lo que se viene llamando la cuerpo de casa) se ve bastante perjudicada. Y qué queréis, yo ya cogí la capa de Wonder Woman y la eché al contenedor de Madre Coraje, que una no da más de sí. Hay que establecer prioridades, aunque en mi casa no se han enterado:
-Mamá, que no me queda champú.
-Pues apúntalo en la pizarra de la cocina y coge jabón verde.
-Mamá, que se me ha gastado el bonobús.
-Pues te vas andando, que estás muy nuevo.
-Mamá, que en mi cuarto hay arañas.
-¿Arañas? En tu cuarto lo que van a salir son dragones de Komodo, ¡so guarro!. ¿Seguro que los jerbos están vivos?
-Que sí, mamá. Que comen, que yo los oigo por la noche.
-Que comen...... si no tendrán ni oxígeno, los animalitos. Las arañas las matas tú, que en tu cuarto no se puede entrar sin vacunarse. No te fastidia.
Os extraña la ausencia de frases que empiecen por "papá", ¿verdad? Ya sabéis quién es la blanda....
Y ésta, queridos amigos, es la triste historia de mi vida cotidiana. Una última recomendación a los que tenéis hijos pequeños: miraos en mi espejo y sed duros como un fiscal general. Que luego pasa lo que pasa....
Os paso esta receta que me dio Sara, la novia de nuestro sobrino Pablo, y que es extremadamente peligrosa, porque se come a trozos y, pellizquito a pellizquito, como quien no quiere la cosa, te pones las botas. Sin duda alguna, es adictiva.....
Ingredientes:
-115 gramos de mantequilla.
-150 gramos de melaza y 50 gramos de azúcar moreno. (La melaza no es lo mismo que la miel de caña, es mucho más cremosa. La hay en El Corte Inglés y en Carrefour)
-200 gramos de harina de repostería.
-Un huevo.
-Una cucharadita de levadura de repostería.
-Una cucharadita de canela molida.
-Una cucharadita de extracto de vainilla.
- Nueces pecanas peladas y pastillas de chocolate.
Precalentamos el horno a 180º. Se mezcla todo, menos las nueces y el chocolate, integrando bien. Se pone la masa en un molde con poco fondo, poniendo en la base un papel de horno (eso que nos ahorramos de fregoteo). Ponemos por encima artisticamente las nueces y las pastillas de chocolate, y al horno 20 minutos. Luego apagamos y dejamos dentro 10 minutos más. Se saca este prodigio y se pone sobre una rejilla para que enfríe sin condensar el vapor. Y podéis ir en paz, hermanos....

Feliz semana a todos.

miércoles, 15 de noviembre de 2017

POLLO AL AJILLO

Me gusta cocinar pollo. Lo hago con cierta frecuencia y de muchas maneras, pero tengo que admitir que, en mis inicios guisanderos, no me llevaba nada bien con él. Hubo un tiempo en que pasaba muchos fines de semana en casa de mi hermana y normalmente nombrábamos a algún adulto en compañía de alguno de los niños para preparar el plato que eligiéramos. Por lo general, del recetario de doña Simone Ortega  Una de esas veces me tocó hacer con mi sobrina un pollo al horno. Así que encendimos el horno, muy dispuestas, y empezamos a seguir la receta.... hasta que de pronto, veo a mi sobrina tirada por el suelo de risa:
-Niña, ¿de qué te ríes?
-Jijiji..... que al final de la receta pone que le tienes que meter al pollo un limón por el...... ¡Jajajaaaa! ¡YO NO PUEDO!
-¿Pero eso cómo va a ser? ¡ESO no puede caber en la vida! ¡Trae para acá!
Porque, a ver. Yo tenía pocos conocimientos de anatomía avícola, pero me daba a mí que iba a estar complicado lo del limón, que además tenía que ir acompañado de un cubito de caldo. Además, un limón bueno, de estos de Cártama, calibre pomelo. Al final, terminamos poniendo al pollo con el cuello para arriba, dándole unos artísticos golpes para que aquello encajara; pero nada: la mitad del limón se quedó fuera, y entre eso, y que no le atamos las patas al pollo, salió con muy mala vista: los alones y los muslos espaventados, como pidiendo auxilio, y el limón..... en fin. 
Visible.
Lamento ser tan escatológica, pero es que no lo sé explicar de otra manera.  Nos lo comimos, que rico sí estaba, y lo bautizamos como "pollo al Pasaje del Terror". Rematando con razonables sugerencias hechas demasiados tarde  ("¿Y si hubieras "troceado" el limón, hija?") Fin de mi primera experiencia con el bicho entero.
El segundo contacto con la anatomía del pollo vino un día que mi madre estaba mala pero tenía en la nevera un pollo para guisar: mi tía subió de su casa para explicarme cómo limpiarlo y apañarlo, pero; en un exceso de afán didáctico, empezó a sacarle los entresijos y a explicarme lo que era cada uno:
-Mira, ten cuidado de no romper la hiel, que es esto verde, porque te lo estropea todo.... este pollo se ve que es de campo, mira, mira.... tiene grano en el estómago.....
A estas alturas de la autopsia yo estaba ya con mi propio estómago bastante revuelto:
-Tita.... de verdad, ¿nos podemos saltar esa parte y llegar a cuando se pone en la cazuela?
En fin, que le cogí un asco horroroso, y a partir de ese momento no quise volver a ver nada que recordara ni remotamente al bicho entero. Ay, las incongruencias de los carnívoros...... Muchos años más tarde, ya ingresada de pleno derecho en mi familia política, pude asistir en directo a la preparación del pollo trufado que es un clásico de la Navidad, y cuya receta creo que nunca pondré, aunque está riquísimo, porque me confieso totalmente incapaz de llevarla a cabo. Yo me quedaba completamente fascinada viendo a mi suegra o a alguna de mis cuñadas cogiendo uno de esos pollos del pueblo, del tamaño de un pterodáctilo, e irle sacando con mucho cuidado los huesos, a base de paciencia y punta de cuchillo, dejando la carne con la piel, a modo de pijama enterizo, para su posterior rellenado. No le hacían ni un solo roto y todo el proceso se llevaba a cabo con precisión quirúrgica; mira que yo me llevo bien con mi familia política, pero desde luego, a partir de ese día, tuve muy claro que con gente que maneja así los cuchillos, es mejor hacer un esfuerzo adicional para mantener las buenas relaciones. (Elena, que es broma....)
Mi hermana me pidió una vez esa receta, pero como ella, al igual que yo, no sabía deshuesar el pollo, se lo encargó al carnicero. Y nada que ver:  el pobre animal traía la piel con más agujeros que las víctimas de Al Capone el día de la matanza de San Valentín. 
Nos quedamos mudas verificando el desastre.
-¿Y ahora qué hacemos?
-Trae el costurero para acá, que a éste lo apaño yo. Somos mujeres de recursos.
Y mientras mi hermana preparaba el relleno, yo me dediqué a hacerle a la perjudicada ave unos artísticos remiendos post mortem. Así que, ya lo sabéis, familia: una de las pasadas Nochebuenas comisteis pollo zurcido. Pero como luego había que prensarlo y luego cortarlo en rodajas, nadie lo notó. Y bien rico que estaba. ¿A que sí?
Leo todo esto y me pregunto cómo puedo seguir cocinando pollo..... La vida me ha insensibilizado de un modo abyecto, sin duda alguna.
En cualquier caso, esta receta de hoy es muy rica, y la previa deconstrucción del animal en manos de un carnicero experto te quita cualquier reparo. Así que apuntad por ahí:
Ingredientes:
-Un pollo troceado, sin piel.
-Dos cabezas de ajo. O más.
-Una cebolla
-Un vaso de vino blanco.
-Tomillo y romero seco, una cucharada de cada. Si lo hay fresco, una rama de cada..
-Un cubito de caldo.
-Pimienta negra molida.
-Uno o dos clavos enteros.
-1/2 vaso de zumo de limón.
Primero, se saltean los trozos de pollo en una cazuela con un fondo de aceite. Se pela una de las cabezas de ajo y se trocean los dientes, pero poco, la otra se deja tal cual, simplemente separando los dientes y chafándolos un poco. En la cazuela del pollo se ponen los ajos, la cebolla picada fina, el vino, el tomillo y el romero, el cubito de caldo, la pimienta, el clavo y el limón, y agua que lo cubra todo. Se pone a cocer a fuego medio más o menos una hora, o hasta que la salsa se haya quedado en poco más que el aceite y los ajos.

En compañía de unas patatas fritas es completamente insuperable Siempre me acuerdo de las historietas de Carpanta (ay, aquellos tebeos....) y lo que soñaba el pobre con los pollos volando. Así que nosotros no nos quedemos con las ganas.
Feliz semana.

miércoles, 1 de noviembre de 2017

DULCE DE MEMBRILLO CON NUECES

Llego de la calle con mis diversas bolsas de las diversas compras, amén de un mosqueo más que regular. Me estoy dando cuenta de un tiempo a esta parte que los dependientes de algunas tiendas (cada vez más con edad de ser mis hijos, y dentro de nada con edad de ser mis nietos), me tratan como si fuera tonta. Porque para un chaval de veinticuatro años, una mujer de cincuenta y tres está sumergida de lleno en la edad más provecta, y la tienes que proteger un poco. Hay una librería donde la chiquita que tienen de dependienta me dice siempre, con un tono muy dulce y vocalizando bien, cosas como: "Ah, ¿que va a pagar con tarjeta? ¿Es de PIN? ¿Sabe lo que es, verdad?", o: "La tarjeta se mete por ESTA RANURITA" En otras tiendas de dos plantas me han llegado a decir alguna vez: "Señora, agárrese a la barandilla. A ver si se nos escoña la vieja". Mira, guapi ¿a una compradora avezada y vocacional como yo le vas a decir COMO se paga con tarjeta? ¿Y qué es eso de que me agarre a la barandilla? ¿Tan vieja parezco? Luego me doy cuenta de que no es que yo parezca tan vieja, sino que para esa generación cualquier persona mayor de cuarenta es una Persona Mayor sin más, y te tratan en consecuencia, como si estuvieras gagá,  y santas pascuas.  Reconozco que no me faltan motivos para estar según el día más "pallá" que "pacá", pero en general conservo (de momento) unas capacidades cognitivas dentro de la media, entre otras cosas porque trabajar en la enloquecida profesión de la abogacía es como resolver cincuenta sudokus diariamente, dicho sea sin falsa modestia. Eso no significa que no pueda haber abogados tontos; pero ése es un asunto que mejor lo dejamos para otro día. Lo cierto es que estas cosas me dan que pensar. Como cuando en las noticias te hablan de un suceso protagonizado por "un joven de treinta y cinco años" Yo tengo la siguiente teoría: hasta los cuarenta años eres un adolescente y se te permite pasar la vida jugando a la Play y comiendo chucherías, y a partir de los cuarenta se te considera, sin transición, oficialmente viejo,  te abren una trampilla bajo los pies y te echan encima la dentadura postiza, las zapatillas de paño y las compresas para la incontinencia, especialmente si eres mujer. Porque, en los anuncios la vejez de las mujeres parece estar particularmente plagada de indignidades relacionadas con el control de los esfínteres y el tránsito intestinal. Dios mío. Qué pena.
Cuando doña Pepa andaba por los cincuenta años,  mantenidos como secreto de Estado, cuidaba de su primer nieto, muy pequeño por entonces, y le sacaba a la calle cuando hacía los recados, acompañada por mí, si era sábado, a modo de mamporrera auxiliar. Podía tener yo doce años. Allá que iba ella, muy tiesa, con su carrito del bebé y sus taconazos asesinos, parándose con vecinas y conocidas. Alguna vez, en la panadería o en la frutería, coincidía con alguien menos conocido que, en su afán de ser simpático, decía algo como:
-Señora, qué niño más bonito el suyo, que lo críe con salud.
Y doña Pepa se ponía más ancha que larga y contestaba con absoluta desfachatez algo como:
-Muchas gracias, y usted que lo vea.  Ya ve usted, son la alegría de una casa, pero dan trabajo, menos mal que tengo a ésta mayor (por servidora), que es un poco lacia pero me ayuda una barbaridad, angelito. ¡Ay, qué buena es mi niña!
Yo me escandalizaba de tamaña falsedad e intentaba protestar:
-¡¡¡MAMA!!! ¡Que el niño no es tu....!
-Nena, anda-y- calla y coge las patatas. Adiós, adiós.
-¡¡¡Mamá!!! ¿Porqué dejas que crean que es TUYO? ¡Eres su ABUELA!.
-Digo, y a ésa qué le importa si es mío o no. Como que voy a ser yo la primera que tiene un niño más tarde. Mira que cuando tú naciste, me preguntaban las vecinas que si habías sido un "escudio".... (Nota de la narradora: término del barrio de la Trinidad para "descuido" Algún día voy a sacar el diccionario del trinitario-castellano...)
-Pero es que es "mentira", mamá. Y cuando yo nací, tenías tú treinta y ocho años, no cincuenta.
-Leches con la memoria de la niña ¿Me los llevas contados o qué?  ¿Y de donde has sacado tú que tengo CINCUENTA?  Cuarenta y  tres como mucho. (??????) Y lo otro, si es mentira, ya ves tú la mentira ¿Y qué? Calla ya y no tengas tantas leyes, que eso no le importa a nadie.¡Lechuga!
Creo que en ese momento fue cuando aprendí que hay cosas que es mejor no discutir; lo único que conseguía es tener a mami revirada todo el día, lo cual no era nada inteligente si  era yo quien estaba a tiro. Así que conseguí callarme la boca sobre tan espinoso tema cuando la oía declarar a sus amistades mentiras como puños sobre el particular....
Muy adecuadamente, hoy pongo una receta muy tradicional, muy viejuna y muy rica. la carne de membrillo de toda la vida, con nueces en este caso. Necesitamos.
-Dos o tres membrillos, cortados y sin pepitas.
-El peso de los membrillos en azúcar.
-Un limón pelado y sin pepitas.
-Nueces peladas al gusto.
En Thermomix, se ponen los membrillos troceados, el azúcar y el limón, se pone 15 segundos a velocidad máxima y luego 30 minutos, 100º, vel.5-6. Se extiende en una bandeja con poco fondo y se acabó.
Del modo tradicional: Hay que sudar. Se tienen que trocear los membrillos igualmente y  poner a cocer hasta que estén blandos. Se escurren, y se baten con el limón y el azúcar. Esta pasta se pone en una cacerola y ahora todo es cuestión de poner al fuego medio, y remover, remover y remover hasta que la pasta se ponga dorada y espesa. No os queda ná. Es importante vigilar que el fuego no sea muy fuerte, porque esta pasta cuando hierve, actúa como la lava volcánica: escupe y las salpicaduras queman lo suyo. Un buen guante de cocina viene perfecto.
Del mismo modo, se pone en una bandeja de poco fondo. Tarda un tiempo en ponerse más consistente, dura meses si la tapas sólo con un papel de cocina: si la cubres con algo que no esté al aire, le sale moho.

Pues mira, esta noche le voy a dar un tiento. Tengo que consolarme en mi decrepitud ¿O no? Mecachis con esta juventud. Será posible...
Feliz semana a todos.

miércoles, 18 de octubre de 2017

CAZUELA DE PATATAS CON RAPE

Sábado por la tarde/noche. Uno de mis hijos sale por la puerta y, juro ante Dios que lo he hecho de nuevo: me sorprendo a mí misma diciéndole lo que tantos años atrás juré que NUNCA diría: "TEN CUIDADITO".
Así que es cierto: pasada tu primera juventud, en cuanto has sacado en propiedad y a perpetuidad la plaza de Madre Titulada, para la que no existe edad legal de jubilación, resulta que no es ya que te conviertas en tu madre: es que te conviertes en "todas" las madres que ha habido en el mundo y que de pronto dicen ese tipo de cosas por tu boca, en un extraño fenómeno de posesión paranormal. En aquellos felices y despreocupados tiempos en que yo sólo era hija, al salir por la puerta siempre me perseguía una frase similar; en el caso de doña Pepa, la variante era: "TEN CUIDADO, NENA, QUE ESTÁ LA CALLE MUY MALA". Y yo contestaba que sí a todo, (qué pesáááá es mi madre), mami se quedaba tranquila y yo olvidaba la frase apenas había bajado dos escalones. Pero desde que me convertí en Madre Titulada, subcategoría  Disfuncional-Neurótica, una de mis múltiples aplicaciones posibles consiste en las advertencias retóricas y las no menos retóricas preguntas. Véanse varios ejemplos destacados que comienzan todos ellos por el vocativo "Hijo":
-¿No volverás muy tarde? ("Muy tarde" es un concepto indeterminado, interpretable a voluntad; las cinco de la mañana puede ser tanto "muy tarde" como "muy temprano" ¿O no?)
-No bebas (No, madre. Prometo que no me beberé el agua de los ceniceros)
-No fumes mucho (Hasta las ramas de los árboles, si no hay otra cosa)
-¿No estarás tomando cosas raras cuando sales? ( A ti te lo voy a decir si lo hago; y ¿quieres saberlo en realidad? )
-No comas porquerías (Tú verás: el kebab de la esquina por dos euros te da hasta el postre)
-Saca al perro antes de irte (¡JA!)
-¿Tú estarás estudiando, no? (¡Quiero un abogado!.... y no serás tú)
Juré mil veces que yo no haría nada semejante con mis, entonces, hipotéticos hijos. Pero ocurre con esto algo muy curioso: tú sabes perfectamente que en cuanto el muchacho salga por la puerta va a hacer lo que le dé la gana, pero a ti te alivia la ansiedad (momentáneamente) proferir esas frases o preguntas maternoretóricas,, por un curioso mecanismo de autoengaño. Queremos pensar que nos van a hacer caso, contra toda evidencia. Pero lo cierto, a tenor de mi experiencia, es que las cosas que decimos a los hijos van haciendo un surco en sus neuronas, como la gota de agua que cae insistentemente en el mismo punto. Sólo que esto lleva tiempo y el surco se evidencia a partir del día que cumplen de cuarenta años para arriba: entonces, con un poco de suerte, se hacen ciudadanos responsables, comen verduras y tienen muchísimas menos ganas de salir de noche, pero tú ya estás medio gagá para saborear tu triunfo y los años de montaña rusa emocional que te han dado no te los quita nadie. Esta, amigos, es una de esas cosas menos gratas que nadie te cuenta ANTES de tener hijos; ay, ese pacto de silencio de los que han sido padres antes que tú....  
Me consuelo haciendo una receta que siempre formó parte del repertorio culinario habitual de casa: la cazuela de patatas, que es uno de esos platos que te hacen ir como un reloj todo el día, fácil y muy rico.
Ingredientes
-3 ó 4 patatas medianas
-Una cola de rape hermosa.
-3-4 dientes de ajo.
-15-20 almendras. Lo que viene siendo un puñado.
-Perejil.
-Una rebanada de pan.
-Una cucharadita de pimentón.
-Agua, sal, pimienta.
-Una hoja de laurel
.Un chorreo de vino blanco.
-Aceite.
Se fríen en una cazuela con un fondo de aceite los ajos y las almendras. Se sacan y reservan. En el mismo aceite se fríen la rebanada de pan y el perejil. Se apartan también. Se apaga el fuego y se añade la cucharadita de pimentón, para que se haga con el calor residual (si se quema, amarga)
Se trituran juntos en la batidora o Thermomix los ajos y almendras, el pan y el perejil, con un poquito de agua y un chorrito de vino blanco. Eso me lo he inventado yo, que soy muy de emborrachar los guisos, pero es que le va muy bien.
En la cazuela que hemos utilizado y donde ha quedado el pimentón con el aceite, ponemos las patatas peladas y chascadas. Añadimos la cola de rape y el majado, sal, un poco de pimienta y el laurel. Lo ponemos todo a cocer hasta que las patatas estén tiernas y el caldo trabado. Sacamos la cola de rape, le quitamos el hueso y volvemos a añadir la carne que hemos sacado.

Ansiolítico de probada eficacia sin efectos secundarios
De color no es muy vistoso, ya que todos los ingredientes están dentro de una misma gama  pero lo que le falta de vista, le sobra de sabor  Y a mí me relaja mucho guisar y comer este tipo de platos. Uy, esto y el yoga, mano de santo.
Feliz -y tranquila- semana a todos.


miércoles, 4 de octubre de 2017

TARTA DE QUESO CLASICA

De nuevo la misma situación. Esto es increíble. Una, como jefa del departamento de intendencia de este hogar, entre otros muchos roles desempeñados, visita con cierta regularidad el cajero automático. Pues de nuevo no tengo ni un euro en la cartera. Lo que tengo es veinte cupones de descuento del Día, que son siempre de las cosas que no compro; tickets arrugados diversos; quince o veinte tarjetas del seguro médico, del banco, del Ives Rocher y del FNAC, caducada por cierto; y una colección de esos papelillos indeterminados que al parecer prosperan como vegetación endémica de los monederos; pero de cash, ni una gorda. Y ya no es tanto por marigastona, sino porque en mi casa sin excepción piden más que si les hubiera hecho la boca un fraile. Empezando por mi marido, que jamás lleva dinero encima, como la reina de Inglaterra, y terminando por el Curro, que calladamente me pide pienso con ojos lastimeros a todas horas, animalito. Y si son mis hijos. Buenoooooo.... Es increíble la variada lista de pretextos que me ofrecen para generar una nueva partida presupuestaria. Véase a modo de ejemplo la frase que comienza por "Mamá, necesito dinero, porque:" y continúa con cualquiera de estos predicados:
......Me tengo que cortar el pelo (vale)
......Tengo que llevar tres cartulinas a clase para hacer unos esquemas (nunca las vi)
......Se me han roto los pantalones y no encuentro los demás (veridico).
..... Al pienso de los agapornis le han salido bichos y necesito tres kilos más (?)
..... He quedado (poderosísima razón)
..... Hoy también he quedado.
..... No tengo viajes en la tarjeta del bus (estos niños viajan más que De la Quadra Salcedo en sus tiempos mozos)
..... Le quiero hacer un regalo a mi novia (con lo cual, en todo caso la regalante soy yo; ¿no te fastidia?)
Y así hasta el infinito, y más allá. ¿Y porqué no le piden a su padre? Pues por lo que ya he adelantado: él también me pide. Y si a alguno, a pesar de todo y contra toda esperanza, se le ocurre pedirle, hay sólo dos respuestas posibles: 1) No tengo nada encima.  2) NO. (Palabra mágica donde las haya: ¿alguien sabe de algún cursillo donde enseñen su adecuado manejo? Le estaría eternamente agradecida)
Total, que al cajero otra vez; ya hemos hecho hasta amistad. Yo no sé de dónde he salido yo tan blanda; si se me hubiera ocurrido a mí andar pidiendo dinero con esa perseverancia digna de mejor causa, doña Pepa ya me hubiera largado, muy flamenca, aquello de "Tú te crees que soy el Banco de España", frase entrañable donde las haya, por cierto Y si es don Joaquín, ibas listo: era más fácil ordeñar una piedra que hacerle abrir el puño. Papi era buenísima persona, pero más agarrado que un chotis. Doña Pepa, sin embargo, tenía una curiosa debilidad: venía de la compra y me traía paquetes de Fortuna, que era lo que fumábamos las chicas finas. Si además de finas estábamos metidas en fondos, fumábamos Winston.  Tú eras de tabaco negro o de tabaco rubio: pero fumar, todo el mundo fumaba. El Ducados, un tanto lumpen, lo solían fumar los chicos, y también las chicas que eran algo menos finas. Y cuando la falta de recursos apretaba, entonces comprábamos 1-.X-2: una especie de mezcla de tabaco negro y rubio, que sabía a paja de establo usada y que provocaba unos efectos fisiológicos colaterales muy interesantes, que no entraré a detallar por mor de la decencia. Pues lo que os contaba, doña Pepa venía con sus bolsas de naranjas y de tomates y me soltaba el paquete de tabaco con cara de perro, pobrecita mía. Yo me fumaba el primero e ignoraba la segunda, con esa capullez tan característica de los hijos: en esa época feliz yo era absolutamente inmune a las caras de perro, y no me sentía culpable de nada. Me pregunto qué es lo que se ha torcido desde entonces....
Hoy voy a poner la receta de una exquisita macrotarta de queso, para mí la mejor, cuya receta me dio mi cuñada Mercedes, que la hacía mucho en la época en que tenía cada día a quince o veinte adolescentes crecederos a merendar. Lo de macrotarta es porque realmente sale muy grande y en teoría se podrían reducir los ingredientes a la mitad, pero dado lo peculiar de los tiempos de horno, que es lo que le da esa cremosidad espectacular que queda al final, no me atrevo a modificarla. Eso sí, se congela muy bien.
Ingredientes:
- 300 gramos de galletas María desmenuzadas
- 3 cucharadas de mantequilla
- 1 kilo y 200 gramos de quesos diversos: Philadelphia, Burgos, requesón.....entre ellos, un par de quesitos normales van muy bien)
- 250 gramos de azúcar (la receta original pone 400, muchísimo; pero en caso de duda es mejor ir probando la masa y añadir algo más a los 250 gramos si parece poco dulce)
- 3 cucharadas de harina
- 3 cucharaditas de ralladura de limón.
- Un poco de canela en polvo.
- 250 ml. de nata
-1/4 de cucharadita de sal.
-5 huevos y dos yemas más (yo pongo seis enteros)
-Mermelada o confitura al gusto para cubrir. Yo pongo una de cerezas o moras.
Encender el horno a 180º. Mezclar las galletas trituradas con la mantequilla y hacer una masa con la que cubriremos el fondo y subiremos un poco las paredes de un molde grande desmontable. Meter al horno y cocer diez minutos. Sacar y reservar. Poner el horno a 250º.  Batir todos los demás ingredientes. Verter esta crema sobre el molde con la base de galleta y meter al horno fuerte diez minutos. Después bajar la temperatura a 90-100º y dejar una hora más. Apagar el horno y dejar la tarta dentro 15 minutos. Sacar y dejar enfriar. Ya frío, cubrir con la confitura y servir.


Se presta mucho a que pases por la cocina, una de esas tardes que tiene uno un poco tontorronas, en que todavía hace calor pero ya notas el cambio de estación, esas tardes que tienes el cuerpo muy tonto, y abras la nevera muy calladito  y metas una cuchara en el molde. Que total, un bocado son pocas calorías. Y de repente, la vida se hace un poco más soportable. Pues mira, sí, estoy incitando al desorden alimenticio. Es un pecado realmente muy pequeñito....y de todos modos pienso que, en general, no pecamos lo suficiente.
Feliz semana.

miércoles, 20 de septiembre de 2017

ENSALADA DE PASTA Y la chica cañón que no era yo.

Uno de los efectos secundarios que suelen conllevar las vacaciones es que se nota una algo más incómoda dentro de los pantalones pitillo, que adquieren de repente la molesta manía de apretarte de mala manera, al igual que los vestidos que traen esa fastidiosa cremallera lateral. Quizás tampoco le das demasiada importancia,  quizás formulas el vago pensamiento de que va a ser cuestión de ponerse a dieta -en algún momento-, hasta el día en que te encuentras por la calle a una conocida, muy agradable y simpática ella, que te pregunta de modo obligado por tu verano:
-Ay...... pero no me lo digas, que ya veo que lo has disfrutado mucho. ¡Esas cerveciiiiitas y esas tapiiiitas! Pero quién se resiste ¿verdad? Porque te veo REPUESTITA.... dí que sí, hija, que hay que disfrutar.
Y tu sigues tu camino, mientras piensas que después de todo, qué le has visto tú de simpática a esa mujer nunca. De hecho, te está empezando a caer bastante mal  Y ¿"repuestita"? A ver, que no he tenido el tifus. Si voy a ser insultada, prefiero que me llamen gorda de manera directa y honrada, y no se valgan de eufemismos.
A ver. A estas alturas de la película una no se hace muchas ilusiones al respecto, y una de las cosas que a mí me ha traído la edad, es la moderada importancia que le doy al aspecto físico, y siendo yo hija de mi madre, os aseguro que eso tiene mérito.  Cuántas veces no la he visto salir del cuarto de baño, con el cepillo en la mano y el flequillo a medio cardar, despotricando en dialecto trinitario:
-  ¡¡¡%%%%%***********&&&&&!!!  ¡¡¡¡¡¡¡OYYYYY, NENAAAA! ¡Que hay días que es que no se puede hacer una nada: estoy HORROROOOOOOSA-HORROROSAAAA.! Para que me ahorquen.¡Ay, Pepa de mi alma, que ya no tienes componenda! ¡Ay, con lo que tú has sido!
-Anda, mamá. Si estás muy guapa.
-¡¡¡Mira!!! ¡¡¡Tú no te cachondees de mí, so suavona!!! ¡¡¡Que estoy que meto susto!!!
Y no paraba hasta arreglar perfectamente el supuesto estropicio, pero aún así, al marcharse, la iba siguiendo por la escalera una letanía de "estoy pa que me maten". Nunca se veía bien. Me temo que en eso yo he desarrollado una mayor dosis de indulgencia propia. Pero vamos, tampoco os creáis, yo me arreglo para salir a la calle hecha una persona. Sobre todo, los días que tengo juicio, que tiene una que hacer por parecer una abogada seria; esas cosas importan mucho en este ambiente, aunque luego una buena toga todo lo tapa. Una de esas veces, iba yo por mi calle de la Victoria muy arregladita, hecha un veinticuatro, como diría Catalina, mi suegra  Allá iba yo pensando en mi pleito, y en esto que me cruzo con un chico bastante joven, y para mi sorpresa veo que me está mirando con verdadera e indiscutible admiración. Uy, ¿cuánto hacía? Esos ojitos de osito de peluche que te ponen (o te ponían) a veces. Y se acerca y los ojitos que brillan cada vez más. Y se sigue acercando, y los ojitos miran.... a través de mí. Tal que si una fuera traslúcida, vamos. Me giro discretamente, para comprobar que, detrás de mí, camina un verdadero monumento de mujer. Guapísima. Veinte años largos menos que yo. Veinte kilos menos que yo y por lo menos quince centímetros más de estatura. De faldita sí iba escasa, pero, vamos, que todo el mérito era de ella, las cosas como son. De pronto sentí cómo me empequeñecía y me iba encogiendo hasta quedarme del tamaño de Garbancito y seguí mi camino, muy divertida y no poco humillada. Desde entonces, creo que casi todo atisbo de vanidad se ha desvanecido en mí. Ahora, que ¿sabes lo que te digo, Conocida Exsimpática? Que yo habré cogido tres kilos en el verano, pero tú pareces un botijo todo el año. Para que te enteres. Lista.
De esta receta que pongo hoy tiro bastante en verano, porque se hace relativamente rápido y es perfecta para esos días en que no llegas a nada. Es moderada de calorías y además está bastante rica.
Para cuatro o cinco raciones:
- 250 gramos de pasta corta (macarrones, lazos....) Queda más vistoso con pasta de colores.
- Cuatro huevos.
-Tres latas de atún pequeñas.
-Una zanahoria
-Tomatitos cherry
-Maíz
-Un trozo de cebolla
-Un pimiento verde.
-Alcaparras (opcional) A mí me encantan; son unos bultitos verdes muy divertidos.
-Sal, aceite y vinagre.
-Mostaza.
Por supuesto, admite casi todas las variaciones que se te puedan ocurrir.
Se cuece la pasta según las indicaciones del paquete, se refresca y se reserva. Se cuecen también los huevos duros y se pelan. Ponemos en una fuente la pasta, los huevos duros picados, el atún y las verduras picadas finas y los cherry cortados por la mitad. Se hace una vinagreta con el aceite, el vinagre, la sal y una cucharadita de mostaza, y se aliña. Se añaden las alcaparras, si se van a usar, y a enfriar a la nevera dos o tres horas al menos. A la hora de la comida te alegrarás muchísimo de tenerla preparada, porque es un plato único perfecto.

Así que, vale, nos cuidaremos. Pero poquito a poco, que el otoño se presenta movido de trabajo y necesitamos energías.
Como siempre, os deseo una semana feliz. Y, sobre todo, libre de culpa....