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miércoles, 18 de octubre de 2017

CAZUELA DE PATATAS CON RAPE

Sábado por la tarde/noche. Uno de mis hijos sale por la puerta y, juro ante Dios que lo he hecho de nuevo: me sorprendo a mí misma diciéndole lo que tantos años atrás juré que NUNCA diría: "TEN CUIDADITO".
Así que es cierto: pasada tu primera juventud, en cuanto has sacado en propiedad y a perpetuidad la plaza de Madre Titulada, para la que no existe edad legal de jubilación, resulta que no es ya que te conviertas en tu madre: es que te conviertes en "todas" las madres que ha habido en el mundo y que de pronto dicen ese tipo de cosas por tu boca, en un extraño fenómeno de posesión paranormal. En aquellos felices y despreocupados tiempos en que yo sólo era hija, al salir por la puerta siempre me perseguía una frase similar; en el caso de doña Pepa, la variante era: "TEN CUIDADO, NENA, QUE ESTÁ LA CALLE MUY MALA". Y yo contestaba que sí a todo, (qué pesáááá es mi madre), mami se quedaba tranquila y yo olvidaba la frase apenas había bajado dos escalones. Pero desde que me convertí en Madre Titulada, subcategoría  Disfuncional-Neurótica, una de mis múltiples aplicaciones posibles consiste en las advertencias retóricas y las no menos retóricas preguntas. Véanse varios ejemplos destacados que comienzan todos ellos por el vocativo "Hijo":
-¿No volverás muy tarde? ("Muy tarde" es un concepto indeterminado, interpretable a voluntad; las cinco de la mañana puede ser tanto "muy tarde" como "muy temprano" ¿O no?)
-No bebas (No, madre. Prometo que no me beberé el agua de los ceniceros)
-No fumes mucho (Hasta las ramas de los árboles, si no hay otra cosa)
-¿No estarás tomando cosas raras cuando sales? ( A ti te lo voy a decir si lo hago; y ¿quieres saberlo en realidad? )
-No comas porquerías (Tú verás: el kebab de la esquina por dos euros te da hasta el postre)
-Saca al perro antes de irte (¡JA!)
-¿Tú estarás estudiando, no? (¡Quiero un abogado!.... y no serás tú)
Juré mil veces que yo no haría nada semejante con mis, entonces, hipotéticos hijos. Pero ocurre con esto algo muy curioso: tú sabes perfectamente que en cuanto el muchacho salga por la puerta va a hacer lo que le dé la gana, pero a ti te alivia la ansiedad (momentáneamente) proferir esas frases o preguntas maternoretóricas,, por un curioso mecanismo de autoengaño. Queremos pensar que nos van a hacer caso, contra toda evidencia. Pero lo cierto, a tenor de mi experiencia, es que las cosas que decimos a los hijos van haciendo un surco en sus neuronas, como la gota de agua que cae insistentemente en el mismo punto. Sólo que esto lleva tiempo y el surco se evidencia a partir del día que cumplen de cuarenta años para arriba: entonces, con un poco de suerte, se hacen ciudadanos responsables, comen verduras y tienen muchísimas menos ganas de salir de noche, pero tú ya estás medio gagá para saborear tu triunfo y los años de montaña rusa emocional que te han dado no te los quita nadie. Esta, amigos, es una de esas cosas menos gratas que nadie te cuenta ANTES de tener hijos; ay, ese pacto de silencio de los que han sido padres antes que tú....  
Me consuelo haciendo una receta que siempre formó parte del repertorio culinario habitual de casa: la cazuela de patatas, que es uno de esos platos que te hacen ir como un reloj todo el día, fácil y muy rico.
Ingredientes
-3 ó 4 patatas medianas
-Una cola de rape hermosa.
-3-4 dientes de ajo.
-15-20 almendras. Lo que viene siendo un puñado.
-Perejil.
-Una rebanada de pan.
-Una cucharadita de pimentón.
-Agua, sal, pimienta.
-Una hoja de laurel
.Un chorreo de vino blanco.
-Aceite.
Se fríen en una cazuela con un fondo de aceite los ajos y las almendras. Se sacan y reservan. En el mismo aceite se fríen la rebanada de pan y el perejil. Se apartan también. Se apaga el fuego y se añade la cucharadita de pimentón, para que se haga con el calor residual (si se quema, amarga)
Se trituran juntos en la batidora o Thermomix los ajos y almendras, el pan y el perejil, con un poquito de agua y un chorrito de vino blanco. Eso me lo he inventado yo, que soy muy de emborrachar los guisos, pero es que le va muy bien.
En la cazuela que hemos utilizado y donde ha quedado el pimentón con el aceite, ponemos las patatas peladas y chascadas. Añadimos la cola de rape y el majado, sal, un poco de pimienta y el laurel. Lo ponemos todo a cocer hasta que las patatas estén tiernas y el caldo trabado. Sacamos la cola de rape, le quitamos el hueso y volvemos a añadir la carne que hemos sacado.

Ansiolítico de probada eficacia sin efectos secundarios
De color no es muy vistoso, ya que todos los ingredientes están dentro de una misma gama  pero lo que le falta de vista, le sobra de sabor  Y a mí me relaja mucho guisar y comer este tipo de platos. Uy, esto y el yoga, mano de santo.
Feliz -y tranquila- semana a todos.


miércoles, 4 de octubre de 2017

TARTA DE QUESO CLASICA

De nuevo la misma situación. Esto es increíble. Una, como jefa del departamento de intendencia de este hogar, entre otros muchos roles desempeñados, visita con cierta regularidad el cajero automático. Pues de nuevo no tengo ni un euro en la cartera. Lo que tengo es veinte cupones de descuento del Día, que son siempre de las cosas que no compro; tickets arrugados diversos; quince o veinte tarjetas del seguro médico, del banco, del Ives Rocher y del FNAC, caducada por cierto; y una colección de esos papelillos indeterminados que al parecer prosperan como vegetación endémica de los monederos; pero de cash, ni una gorda. Y ya no es tanto por marigastona, sino porque en mi casa sin excepción piden más que si les hubiera hecho la boca un fraile. Empezando por mi marido, que jamás lleva dinero encima, como la reina de Inglaterra, y terminando por el Curro, que calladamente me pide pienso con ojos lastimeros a todas horas, animalito. Y si son mis hijos. Buenoooooo.... Es increíble la variada lista de pretextos que me ofrecen para generar una nueva partida presupuestaria. Véase a modo de ejemplo la frase que comienza por "Mamá, necesito dinero, porque:" y continúa con cualquiera de estos predicados:
......Me tengo que cortar el pelo (vale)
......Tengo que llevar tres cartulinas a clase para hacer unos esquemas (nunca las vi)
......Se me han roto los pantalones y no encuentro los demás (veridico).
..... Al pienso de los agapornis le han salido bichos y necesito tres kilos más (?)
..... He quedado (poderosísima razón)
..... Hoy también he quedado.
..... No tengo viajes en la tarjeta del bus (estos niños viajan más que De la Quadra Salcedo en sus tiempos mozos)
..... Le quiero hacer un regalo a mi novia (con lo cual, en todo caso la regalante soy yo; ¿no te fastidia?)
Y así hasta el infinito, y más allá. ¿Y porqué no le piden a su padre? Pues por lo que ya he adelantado: él también me pide. Y si a alguno, a pesar de todo y contra toda esperanza, se le ocurre pedirle, hay sólo dos respuestas posibles: 1) No tengo nada encima.  2) NO. (Palabra mágica donde las haya: ¿alguien sabe de algún cursillo donde enseñen su adecuado manejo? Le estaría eternamente agradecida)
Total, que al cajero otra vez; ya hemos hecho hasta amistad. Yo no sé de dónde he salido yo tan blanda; si se me hubiera ocurrido a mí andar pidiendo dinero con esa perseverancia digna de mejor causa, doña Pepa ya me hubiera largado, muy flamenca, aquello de "Tú te crees que soy el Banco de España", frase entrañable donde las haya, por cierto Y si es don Joaquín, ibas listo: era más fácil ordeñar una piedra que hacerle abrir el puño. Papi era buenísima persona, pero más agarrado que un chotis. Doña Pepa, sin embargo, tenía una curiosa debilidad: venía de la compra y me traía paquetes de Fortuna, que era lo que fumábamos las chicas finas. Si además de finas estábamos metidas en fondos, fumábamos Winston.  Tú eras de tabaco negro o de tabaco rubio: pero fumar, todo el mundo fumaba. El Ducados, un tanto lumpen, lo solían fumar los chicos, y también las chicas que eran algo menos finas. Y cuando la falta de recursos apretaba, entonces comprábamos 1-.X-2: una especie de mezcla de tabaco negro y rubio, que sabía a paja de establo usada y que provocaba unos efectos fisiológicos colaterales muy interesantes, que no entraré a detallar por mor de la decencia. Pues lo que os contaba, doña Pepa venía con sus bolsas de naranjas y de tomates y me soltaba el paquete de tabaco con cara de perro, pobrecita mía. Yo me fumaba el primero e ignoraba la segunda, con esa capullez tan característica de los hijos: en esa época feliz yo era absolutamente inmune a las caras de perro, y no me sentía culpable de nada. Me pregunto qué es lo que se ha torcido desde entonces....
Hoy voy a poner la receta de una exquisita macrotarta de queso, para mí la mejor, cuya receta me dio mi cuñada Mercedes, que la hacía mucho en la época en que tenía cada día a quince o veinte adolescentes crecederos a merendar. Lo de macrotarta es porque realmente sale muy grande y en teoría se podrían reducir los ingredientes a la mitad, pero dado lo peculiar de los tiempos de horno, que es lo que le da esa cremosidad espectacular que queda al final, no me atrevo a modificarla. Eso sí, se congela muy bien.
Ingredientes:
- 300 gramos de galletas María desmenuzadas
- 3 cucharadas de mantequilla
- 1 kilo y 200 gramos de quesos diversos: Philadelphia, Burgos, requesón.....entre ellos, un par de quesitos normales van muy bien)
- 250 gramos de azúcar (la receta original pone 400, muchísimo; pero en caso de duda es mejor ir probando la masa y añadir algo más a los 250 gramos si parece poco dulce)
- 3 cucharadas de harina
- 3 cucharaditas de ralladura de limón.
- Un poco de canela en polvo.
- 250 ml. de nata
-1/4 de cucharadita de sal.
-5 huevos y dos yemas más (yo pongo seis enteros)
-Mermelada o confitura al gusto para cubrir. Yo pongo una de cerezas o moras.
Encender el horno a 180º. Mezclar las galletas trituradas con la mantequilla y hacer una masa con la que cubriremos el fondo y subiremos un poco las paredes de un molde grande desmontable. Meter al horno y cocer diez minutos. Sacar y reservar. Poner el horno a 250º.  Batir todos los demás ingredientes. Verter esta crema sobre el molde con la base de galleta y meter al horno fuerte diez minutos. Después bajar la temperatura a 90-100º y dejar una hora más. Apagar el horno y dejar la tarta dentro 15 minutos. Sacar y dejar enfriar. Ya frío, cubrir con la confitura y servir.


Se presta mucho a que pases por la cocina, una de esas tardes que tiene uno un poco tontorronas, en que todavía hace calor pero ya notas el cambio de estación, esas tardes que tienes el cuerpo muy tonto, y abras la nevera muy calladito  y metas una cuchara en el molde. Que total, un bocado son pocas calorías. Y de repente, la vida se hace un poco más soportable. Pues mira, sí, estoy incitando al desorden alimenticio. Es un pecado realmente muy pequeñito....y de todos modos pienso que, en general, no pecamos lo suficiente.
Feliz semana.

miércoles, 20 de septiembre de 2017

ENSALADA DE PASTA Y la chica cañón que no era yo.

Uno de los efectos secundarios que suelen conllevar las vacaciones es que se nota una algo más incómoda dentro de los pantalones pitillo, que adquieren de repente la molesta manía de apretarte de mala manera, al igual que los vestidos que traen esa fastidiosa cremallera lateral. Quizás tampoco le das demasiada importancia,  quizás formulas el vago pensamiento de que va a ser cuestión de ponerse a dieta -en algún momento-, hasta el día en que te encuentras por la calle a una conocida, muy agradable y simpática ella, que te pregunta de modo obligado por tu verano:
-Ay...... pero no me lo digas, que ya veo que lo has disfrutado mucho. ¡Esas cerveciiiiitas y esas tapiiiitas! Pero quién se resiste ¿verdad? Porque te veo REPUESTITA.... dí que sí, hija, que hay que disfrutar.
Y tu sigues tu camino, mientras piensas que después de todo, qué le has visto tú de simpática a esa mujer nunca. De hecho, te está empezando a caer bastante mal  Y ¿"repuestita"? A ver, que no he tenido el tifus. Si voy a ser insultada, prefiero que me llamen gorda de manera directa y honrada, y no se valgan de eufemismos.
A ver. A estas alturas de la película una no se hace muchas ilusiones al respecto, y una de las cosas que a mí me ha traído la edad, es la moderada importancia que le doy al aspecto físico, y siendo yo hija de mi madre, os aseguro que eso tiene mérito.  Cuántas veces no la he visto salir del cuarto de baño, con el cepillo en la mano y el flequillo a medio cardar, despotricando en dialecto trinitario:
-  ¡¡¡%%%%%***********&&&&&!!!  ¡¡¡¡¡¡¡OYYYYY, NENAAAA! ¡Que hay días que es que no se puede hacer una nada: estoy HORROROOOOOOSA-HORROROSAAAA.! Para que me ahorquen.¡Ay, Pepa de mi alma, que ya no tienes componenda! ¡Ay, con lo que tú has sido!
-Anda, mamá. Si estás muy guapa.
-¡¡¡Mira!!! ¡¡¡Tú no te cachondees de mí, so suavona!!! ¡¡¡Que estoy que meto susto!!!
Y no paraba hasta arreglar perfectamente el supuesto estropicio, pero aún así, al marcharse, la iba siguiendo por la escalera una letanía de "estoy pa que me maten". Nunca se veía bien. Me temo que en eso yo he desarrollado una mayor dosis de indulgencia propia. Pero vamos, tampoco os creáis, yo me arreglo para salir a la calle hecha una persona. Sobre todo, los días que tengo juicio, que tiene una que hacer por parecer una abogada seria; esas cosas importan mucho en este ambiente, aunque luego una buena toga todo lo tapa. Una de esas veces, iba yo por mi calle de la Victoria muy arregladita, hecha un veinticuatro, como diría Catalina, mi suegra  Allá iba yo pensando en mi pleito, y en esto que me cruzo con un chico bastante joven, y para mi sorpresa veo que me está mirando con verdadera e indiscutible admiración. Uy, ¿cuánto hacía? Esos ojitos de osito de peluche que te ponen (o te ponían) a veces. Y se acerca y los ojitos que brillan cada vez más. Y se sigue acercando, y los ojitos miran.... a través de mí. Tal que si una fuera traslúcida, vamos. Me giro discretamente, para comprobar que, detrás de mí, camina un verdadero monumento de mujer. Guapísima. Veinte años largos menos que yo. Veinte kilos menos que yo y por lo menos quince centímetros más de estatura. De faldita sí iba escasa, pero, vamos, que todo el mérito era de ella, las cosas como son. De pronto sentí cómo me empequeñecía y me iba encogiendo hasta quedarme del tamaño de Garbancito y seguí mi camino, muy divertida y no poco humillada. Desde entonces, creo que casi todo atisbo de vanidad se ha desvanecido en mí. Ahora, que ¿sabes lo que te digo, Conocida Exsimpática? Que yo habré cogido tres kilos en el verano, pero tú pareces un botijo todo el año. Para que te enteres. Lista.
De esta receta que pongo hoy tiro bastante en verano, porque se hace relativamente rápido y es perfecta para esos días en que no llegas a nada. Es moderada de calorías y además está bastante rica.
Para cuatro o cinco raciones:
- 250 gramos de pasta corta (macarrones, lazos....) Queda más vistoso con pasta de colores.
- Cuatro huevos.
-Tres latas de atún pequeñas.
-Una zanahoria
-Tomatitos cherry
-Maíz
-Un trozo de cebolla
-Un pimiento verde.
-Alcaparras (opcional) A mí me encantan; son unos bultitos verdes muy divertidos.
-Sal, aceite y vinagre.
-Mostaza.
Por supuesto, admite casi todas las variaciones que se te puedan ocurrir.
Se cuece la pasta según las indicaciones del paquete, se refresca y se reserva. Se cuecen también los huevos duros y se pelan. Ponemos en una fuente la pasta, los huevos duros picados, el atún y las verduras picadas finas y los cherry cortados por la mitad. Se hace una vinagreta con el aceite, el vinagre, la sal y una cucharadita de mostaza, y se aliña. Se añaden las alcaparras, si se van a usar, y a enfriar a la nevera dos o tres horas al menos. A la hora de la comida te alegrarás muchísimo de tenerla preparada, porque es un plato único perfecto.

Así que, vale, nos cuidaremos. Pero poquito a poco, que el otoño se presenta movido de trabajo y necesitamos energías.
Como siempre, os deseo una semana feliz. Y, sobre todo, libre de culpa....

miércoles, 6 de septiembre de 2017

GOXUA. Vuelta al cole por todo lo alto.

Día 1 de septiembre. Me despierto, absolutamente renovada y cargada de energía, y me dispongo a encarar la nueva temporada hecha una leona. Entro silbando una cancioncilla por la puerta de mi despacho y me siento. Enciendo el ordenador. Prepárate, mundo.
(Pues así, escrito, queda aún más inverosímil de lo que pensaba.  Esto no hay quien se lo trague ¿a que no? No, claro)
Empecemos de nuevo.
Dia 1 de septiembre. Abro los ojos penosamente, me arrastro, reptando, hacia fuera de la cama, e invierto un par de horas en recomponerme como una mujer y aceptar lo inevitable. Finalmente abro la puerta de mi despacho, donde me espera la conocida silla de oficina en que se ha convertido la carroza de Cenicienta. Enciendo el ordenador; doy media vuelta y salgo llorando.:¡¡¡MAMAAAAA!!!
Bueno. Es broma. Al menos en parte.
Queridos amigos, no creo revelaros nada nuevo si afirmo que cada año tengo menos ganas de trabajar y cada año se afianza mi sospecha de que cuando vine a este mundo traidor, a la cigüeña se le fastidió el tomtom y me dejó caer en el honrado hogar de los García, en vez de en el millonario hogar de unos marqueses postineros. Porque está claro yo iba para rica por mi casa. Averigua tú quién está ahora viviendo a cuerpo de rey en mi lugar: el karma me debe una. Pero como están así las cosas, pues no queda otra que tomarlo con deportividad. Y, sobre todo, poquito a poco.
Con lo que a mí me gustaba volver al colegio. A principios de cada septiembre, la urbanización del Rincón se iba quedando tristona y pelada, y recorríamos a la inversa el camino realizado a finales de junio,  y tocaba meter todos los bártulos en nuestro sufrido Seat 127 y hacer la ruta de vuelta, con la misma maldita pilistra compartiendo asiento conmigo en el asiento de atrás, y los papis enzarzados en uno de sus amorosos coloquios:
Papi:  .........&%]´´´´´´!!! (Léase una muy fea retahíla) Ya te decía yo, Pepita, que hemos salido muy tarde. Ahora veremos a la hora que llegamos. ¡Ya se ha montado la caravana!
Mami: (Muy tiesa) Pues no haberte tirado una hora en el baño, Joaquín. Tú eres el que no encontraba la maquinilla de afeitar. Que yo ya lo tenía todo listo.
Papi: (Nueva lertanía intrascriptible)  +++++*******&&&&&....en la madre que me parió!!!.
Mami: No te  +++++*******&&&&&&&..... tanto, hijo de mi vida, y deja a tu madre tranquila, que por eso no vamos a llegar antes, rey de España. Ay, qué hombre.
Muchas veces el tapón se montaba a la altura de Pedregalejo, que era el lugar donde en ese tiempo quedábamos para salir, y no eran pocas las ocasiones en que me sentía tentadísima de quitarme de encima la pilistra, que me tenía frita, bajarme del coche y pedir auxilio, por si estaba por allí alguno de mis amigos o siquiera conocidos. Pero como siempre fui pusilánime,  aguantaba el tirón. Al final, entre lamentos diversos y jaculatorias varias, llegábamos al piso de calle Malasaña y comenzaba el trasiego de portes por la escalera, porque, sí, vivíamos en el tercer piso, y no, no había, ni hay, ascensor. Y entrabas por la puerta de casa y de pronto te parecía diferente, sin que supieras explicar el porqué, pero te gustaba volver a encontrarla, y sobre todo poder descansar del debate parlamentario del trayecto. Y quedaba libre de retirarme a mi cuarto por fin, fuera de la primera línea de fuego. El verano se había acabado oficialmente, pero empezar de nuevo me hacía entonces mucha ilusión. Por reencontrar a mis amigas, por los libros nuevos y por los cuadernos. Desde entonces hay algo en un cuaderno nuevo que me resulta irresistible: huele a posibilidades, a nuevos comienzos, a pensar que todo va a ser mejor. No me preguntéis porqué. De hecho, tengo en la estantería del despacho dieciocho cuadernos monísimos, que he ido recopilando de aquí y de allá, todos sin empezar. Porque empezarlos es como estropearlos. Algún día los podré utilizar para escribir la Gran Novela Española. 
De momento me encuentro en el estado que se suele presentar al volver de las vacaciones: con una relación inversamente proporcional entre el ascendente perímetro de mi cintura (Picoteos. Aperitivos. Otras Ingestas, Viaje) y el  decreciente estado de mi cuenta corriente (Picoteos. Aperitivos. Otras Ingestas. Viaje) Pero no nos vamos a quejar. Eso sí, antes de volver a un estado de normalidad dietética y (espero) financiera, me voy a despedir de la temporada con un postre de traca: el goxua, vasco él y exquisito, cuya receta he encontrado en la revista de agosto de la Thermomix. Aunque lo he corregido bastante de azúcar, porque traía muchísima para mi gusto. En estos casos lo mejor es ir probando y si es necesario, añadir después. A pesar de la restricción de azúcar, es una verdadera bomba. Ahí va la receta, para quien se atreva.

Ingredientes:
- 50 gramos de azúcar glas.
-Una cucharada de queso mascarpone. Opcional, pero recomendable. Total, nos vamos a tirar al barro directamente.
-700 gramos de nata para montar.
-300 gramos de leche
-Tres huevos.
-50 gr. de harina de repostería o de maicena.
-Una cucharadita de azúcar vainillado.
-150 gramos de azúcar; (la receta pone 270).
-12-14 sobaos pequeños, o magdalenas, o esas cosas que ya se van quedando duras; unos 300 gramos.
-200 gramos de agua.
-Una cucharada de maicena adicional.

Se pone la mariposa en las cuchillas de la Thermomix y se echa en el vaso el azúcar glas, el queso mascarpone y 500 gramos de nata. y se programa velocidad 3 hasta que la nata esté montada, vigilando para que no se nos haga mantequilla. Retirar la mariposa, verter la nata montada en una cazuela de barro, o en una fuente de cristal, y se reserva en la nevera. Si no teneis Thermomix, se puede usar el accesorio que traen muchas batidoras, o montar con ella a velocidad baja.
Se ponen en el vaso sin lavar la leche, los 200 gramos restantes de nata, los huevos, la harina, el azúcar vainillado y 70 gramos del azúcar normal. Programamos 8 minutos, 90º, vel. 4. Se puede hacer sin Thermomix, en un cazo, pero en ese caso es recomendable batir los huevos antes con la leche e irlo añadiendo a poquitos, con fuego moderado, para que la mezcla no se queme ni se cuaje, y hay que remover constantemente.
Colocamos los sobaos sobre la nata reservada, ponemos por encima la crema pastelera del vaso y dejamos templar. Reservar en el frigorífico.
Poner un bol sobre la tapa del vaso y pesar 100 gramos de agua, o medir directamente una medida del cubilete. Añadir la maicena adicional y mezclar bien. Reservar.
En una sartén antiadherente, poner los 80 gramos de azúcar restante y cocinar a fuego medio-alto hasta que se haga un caramelo clarito. Hay que vigilar, porque se quema muy deprisa. Añadir con cuidado a la sarten, porque salpicará, los 100 gramos de agua, y remover hasta que se integre completamente. Incorporar el agua con la maicena reservada y mezclar durante unos minutos hasta que se ponga con una textura parecida a la miel. Dejar templar y extender sobre la crema pastelera. Enfriar en la nevera, cortar en porciones y servir.


Como veis, es bastante potente; si no queréis engordar, podéis invitar a un amigo al que secretamente odiéis e insistirle para que repita, para que así el que se ponga tocho sea él/ella. No he hecho más que volver y ya estoy proponiendo maldades. No me lo tengáis en cuenta: todavía no soy yo misma. Dejadme una semana o dos.
Feliz vuelta a todos, excepto al que ahora se pueda permitir marcharse de vacaciones. A ése, ni agua....

miércoles, 19 de julio de 2017

POLLO SEFARDI CON BERENJENAS

Una cualquiera de estas mañanas, una se levanta y se dirige, inocentemente, a la nevera, a prepararse el desayuno. Y abre la puerta y se encuentra de frente con cinco pedazo de sardinas de infantería, que no medirán mucho menos de los veinte centímetros. De cuerpo presente, destapadas y mirándote de un modo fijo y amenazador. Cierro la puerta de golpe: no está una ya para pegarse esos sustos recién levantada, y me acuerdo, en términos políticamente muy incorrectos, de mi hijo pequeño y su nuevo brote de entusiasmo por la pesca marítima con caña. Ahora que está de vacaciones se marcha casi a diario con todos sus aparejos, que a su vuelta me deja caer alegremente sobre el suelo de la entrada, inundando mi hasta entonces arregladito recibidor de  charcos de agua y persistente olor a pescadazo. Aprieto los dientes:
-Hijo. ¿Quieres- hacerme- el-favor- de- enjuagar- TODA ESA PORQUERÍA INFECTA- y bajarla al sótano?
-Mamá, ¿Qué "porquería"? No entiendo qué tienes contra el olor. Huele a mar.
-Sí, cariño. Huele a mar. "Mucho". Y yo es que soy más de Ambipur. Anda y te lo llevas. YA.
Se marcha rezongando, ignorando el rastro de arena y partículas malolientes de origen desconocido que va dejando a su paso. Hace una semana ya había comprado otra tanda de sardinas para los cebos, y las dejó en la nevera, naturalmente sin tapar, en la creencia de que el frío las conservaría para toda la eternidad. Y, parafraseando aquel (precioso) eslógan publicitario de la (espantosa) Medalla del Amor del día de la Madre, olían... más que ayer y menos que mañana. Pasó un día, y pasó otro día, y ésta que está aquí terminó por meter las benditas sardinas en un táper viejecillo, a fin de que no me chorreasen en el resto de las cosas de la nevera. Total, que el tráfico normal de visitantes a dicho electrodoméstico hizo que pusieran cincuenta cosas encima del táper, con lo cual yo me olvidé de él. Hasta que otro día más, al abrir, me asaltó la evidencia de la natural evolución del proceso biológico post mortem:
-¡¡¡NIÑOOOOOO!!!! ¡¡¡ TE LLEVAS ESA GUARRERÍA "YA" O VAN AHORA MISMO A LA BASURA!!!
-Que yaaaaa me las llevo, maaaama. Tranquila.
Total, que -contra toda evidencia, y dando muestras de notable insensatez- me quedé tranquila. Su intervención se redujo, en este caso, a poner en sal los maltrechos animalitos. Al día siguiente, abrí la nevera, y el táper se cayó y se abrió, provocando un esparrame digno del Apocalipsis, sobre todo esa parte que habla de la resurrección de la carne, y que pude ver representada en todo su esplendor. Un espectáculo definitivamente asqueroso para todos los sentidos humanos. Así que sufrí uno de mis esporádicos y vistosos accesos de ira multimedia, que, eso sí, resultó ser muy efectivo: todo desapareció al instante. Pero no compensa tener que desperdiciar tanta energía sólo para mantener el orden natural de las cosas. Os lo aseguro.
En otra ocasión posterior fue peor todavía. Bajé a la cocina, sorprendiendo al pescador, batidora en ristre, con las manos en la (repugnante) masa, formada por lo que al parecer era pan remojado, harina y pescado crudo, elaborada con el fin de obtener unas bolas apestosas que por lo visto hacen un cebo estupendo. Si los ingredientes están ligeramente revenidos, incluso tengo entendido que da mejor resultado.  De manera rutinaria, e ilusoria, digo aquello de "quita todo lo que ensucies antes de irte", recibiendo a cambio el reglamentario (y falso) "sí, mamá". Para cuando vuelvo a la cocina:
1) El autor de los hechos se ha sustraído a la acción de la justicia, encontrándose en paradero desconocido
2) Todo el menaje de cocina APESTA a pescado.
3) El "Sí, Mamá", se ha traducido en la práctica en restos biológicos diversos esparcidos por toda superficie horizontal, formando una costra geológica de color blancuzco que tengo que raspar de la encimera con espátula.
 Sí, lo sé. Lo sé. La culpa es enteramente mía, como madre blandiblup que soy desde siempre; pero una tiene otras cosas que hacer, y tampoco puedo estar vigilando todo el tiempo como un perro de presa. El resultado es que a día de hoy no puedo tocar una sardina cruda....
Hoy me paso al pollo, que suele venir en bandejas y ya arregladito, y se maneja con resultados controlados. Así que pongo en práctica una receta que me habían dado hace tiempo, y que queda sabrosa y resultona:
Ingredientes:
-1 kg. de pechuga de pollo limpia y cortada en trozos.
-Dos o tres berenjenas medianas.
-Una cebolla
-Dos o tres dientes de ajo.
-Un puñado de pasas.
-50 gramos de piñones y 50 gramos de anacardos y/o pistachos pelados. Son opcionales, pero van muy bien.
-Sal y pimienta.
-Una pizca de sumaq (opcional) Es una especia turca muy suave y aromática. En Málaga, que yo sepa, la hay en la tienda de especias del Pasillo de Santa Isabel. El Reloj de toda la vida. Le da un punto muy bueno, pero vamos, que tampoco pasa nada si no se la ponemos...
-Aceite
-Vino dulce, un vaso
-Arroz largo de guarnición. Yo he mezclado arroz basmati blanco y arroz negro. En el Mercadona venden unos paquetes de arroz de guarnición con varios tipos mezclados que va muy bien.
-Ajos adicionales para saltear el arroz.
Lo primero que hacemos es picar en trozos las berenjenas y ponerlas en agua para que suelten el amargo, un par de horas al menos. Yo no las he pelado. Mientras, vamos salteando los trozos de pollo en un fondo de aceite, y los sacamos y reservamos. En el mismo aceite se saltean la cebolla y los ajos picados, luego se añaden los piñones y los otros frutos secos que utilicemos y se le da a todo unas vueltas. Añadimos el pollo y las berenjenas, las pasas, el vino, la sal, la pimienta y el sumaq, si lo utilizamos. Añadimos agua hasta cubrir. Lo dejamos todo cocer a fuego moderado, se trata de que todo se integre y las berenjenas formen una salsa cremosa al deshacerse. De tiempo, yo lo tuve una hora y media, a fuego muy bajo. Dejamos hasta que vemos que la salsa está trabada y todo rastro de aguachirris ha desaparecido.
Aparte, salteamos en una sartén con un poco de aceite los ajos picados adicionales. Apartamos. Cocemos como un vaso o vaso y medio de arroz para cuatro personas, según diga el paquete, escurrimos y ponemos en la sartén a saltear junto con los ajos. Reservamos.
Servimos el pollo con la guarnición. Hasta ahora nunca me ha sobrado...



Con esta receta me despido hasta septiembre, esperando reponer mientras tanto mis destrozados nervios y descansar física y mentalmente, deseando para vosotros también buenas siestas,  regulares sesiones de tintitos de verano y largas jornadas de vagancia para los que pilléis vacaciones.
Feliz semana y hasta la vuelta.....

miércoles, 5 de julio de 2017

BIZCOCHO DE FRUTAS DE ISASAWEIS

Los meses de junio y julio los recuerdos me vienen como racimos, unos enganchando a los otros. Hace un par de semanas os contaba que me acordaba de cuando estaba terminando la carrera y doña Pepa pretendía, con notable falta de éxito, que me tomara los dichos con aquel compañero que me traía los apuntes. Lo que doña Pepa ignoraba , aunque no lo ignoró durante mucho más  tiempo, dadas sus extremadamente sensibles antenas, es que yo con quien estaba en conversaciones era con otro compañero de la Facultad muy salado, al que le gustaba leer tanto o mas que a mí y que se reía muchísimo de todo lo que yo decía. Dicho sea de paso, aquel compañero sigue siendo muy salado, le siguen gustando los libros tanto o más que a mí y hasta se sigue riendo, de vez en cuando, cuando me ve. De qué se ríe actualmente, pues mejor no lo pregunto. Yo quiero pensar que es porque le sigo haciendo algo de gracia, pero soy prudente, y si algo he aprendido en un matrimonio de largo recorrido, es que el secreto de la convivencia incluye no hacer preguntas superfluas. Sobre todo, si no estás seguro al cien por cien de la respuesta.
El hecho es que doña Pepa empezó a barruntar que algo había, después de verme colgar el teléfono con cara de idiota superior a lo habitual dos o tres veces. Ella me preguntaba, pero yo le daba de capotazos, con lo cual la tenía absolutamente intrigada. Un día yo había quedado en el centro con el compañero gracioso y otro amigo común, y a mami no le se ocurrió otra cosa que irse detrás de mí, para despejar la incógnita. Yo sabía que me estaba siguiendo desde el minuto uno; eran muchos años de oír su inconfundible y sonoro taconeo. La conocía metida en un saco. Entonces yo miraba hacia atrás y la veía de pronto contemplando muy interesada la puerta de una casa, o un escaparate. El Señor derramó muchas gracias sobre mamá, pero entre ellas nunca se encontró el don del disimulo. Total, que llego a la plaza de la Constitución, lugar de la cita, y allí estaban esperándome el muchacho de las conversaciones, tan buena persona y tan mono, y el otro amigo. Tan buena persona, también. A los dos minutos, aparece doña Pepa, haciéndose la encontradiza de un modo lamentable:
-Hola, nena. Huuuuuuy, qué "casualidad"(Mirando a ambos) ¡Ay! ¿No me dirás que tu NOVIO es "éste"? (por el que era buena persona) Ay nooooo, debe ser "éste" (por el que era buena persona y además, mono) ¡Ay, qué alegría, hija! ¡Un muchacho NORMAL!. Hola. Yo soy Pepa. Encantada.
En una sola jugada, llamó feo a nuestro amigo y pronunció aquella terrible palabra que empieza por "N", y que antes se empleaba con extrema prudencia, cuando una llevaba ya un tiempo de relaciones, para calificar a su pareja. Dice muchísimo en favor de mi entonces "N" que no pusiera pies en polvorosa; se presentó a su vez, la mar de bien educado, y la conquistó para siempre. En cuanto a nuestro amigo,  la Buena Persona, hizo diplomáticamente como que no escuchaba las ofensivas insinuaciones de la madre de la Rocío sobre su falta de encantos personales, lo cual dice también mucho en su favor, pobretico.
Poco después de esto, mi "N" empezó a subir a casa. Entonces eso era algo muy serio; no como hoy, que el novio o novia viene, se tira en tu sillón con los pies por lo alto, y te dice: "¿Qué pasa, suegriii?" Yo le subía al salón, que era el lugar de recibir; la habitación más fría e inhóspìta de la casa, supongo que concebida con el sano propósito de que las visitas se fueran pronto. Mi novio entraba y saludaba. Mi madre le devolvía el saludo. Mi padre emitía un gruñido que no le comprometía a nada. Con el paso del tiempo, empezó incluso a dirigirle la palabra de un modo inteligible; y para cuando dejó de ser EL NIÑO ESE y le llamó por su nombre, ya fue cuando vinieron mis suegros a pedirme.  Uy, sí; me pidieron y todo, y yo lo recomiendo mucho, es divertidísimo y además te sientes muy importante. Esa tarde, mi madre, que se había tirando los dos días anteriores preparando monerías para la merienda, había ido a la peluquería y estaba arreglada y entaconada hasta las cejas, y cuando ellos subieron, les recibió con un:
-¡Uy! ¿Los padres de Pedro, verdad? ¡Uy, qué SORPRESA tan agradable! ¡Encantaaaaada! Pero pasad, pasad. Creo que tengo alguna COSITA por ahí para que toméis.¡Joaquín, no te puedes "figurar" quién ha venido!
Mi suegra decía:
-Encantada también. Pues nada, pues aquí estamos, que digo yo que si se van a casar los niños, no nos vamos a conocer en la iglesia...
-Di que no, mujer, que eso está muy feo. Pero coged un salchichoncito.....
Así fue como poco después ingresé como socia de número en mi larga y ancha familia política. Me pasó como cuando leí "Cien años de soledad": me llevó su tiempo aprenderme los nombres y características de todos. Y nada, aquí seguimos, y nos da para ser felices y comer perdices de vez en cuando, y todo.....
He sacado esta receta del libro "Cocina sana para disfrutar", de la señora Isasaweis; pero ella lo llama "bizcocho multifrutas" y a mí la palabra "multifrutas" me da mucho coraje. Una de mis manías. Además, está corregida y a mí me ha salido muy bien con las correcciones. Esta buena mujer dice que tú vas ahí echando harina hasta que tenga una textura adecuada, lo cual es un concepto bastante impreciso. Los bizcochos no se hacen a ojo, querida. Tienen que guardar unas proporciones determinadas. Pero está muy rico y dura bastante, y, en general, sus recetas son muy buenas. A cada uno lo suyo.
Ingredientes:
- 225 gramos de harina integral.
-Un sobre de levadura.
-Tres huevos
-Dos o tres trozos de jengibre confitado picado muy fino (opcional)
-3 huevos.
-150 gramos de azúcar moreno o de coco.
-Un yogur.
-100 ml. de aceite de oliva.
-Dos zanahorias.
-Una manzana
-200 gramos de pasas o arándanos deshidratados.
-200 gramos de orejones de albaricoque picados finos.
-50 gramos de avellanas tostadas y troceadas.
-1/2 cc de canela
-Ralladura de una naranja.
Precalentar el horno a 180º. Engrasar y enharinar un molde de unos 20 cm. de diámetro. Poner las pasas/arándanos en un vaso con agua y meter a potencia máxima 2 minutos en el microondas, para rehidratar. Escurrir y reservar. Rallar las zanahorias y la manzana y reservar igualmente.
Batir los huevos con el azúcar tres minutos. Añadir el yogur, el aceite, la canela y la ralladura de naranja y batir de nuevo. Ir añadiendo la harina y la levadura, batiendo hasta integrar. Añadir las frutas ralladas, los orejones, las pasas o arándanos, el jengibre, la levadura y las avellanas y remover. Poner la mezcla en el molde y llevar al horno de 30 a 45 minutos, pinchando para ver cuándo sale limpio. Dejar templar y desmoldar. Conviene tenerlo en la nevera, porque es húmedo y podría fermentar.
Y darnos unos buenos desayunos en este último sprint del año judicial. Porque a estas alturas de la temporada está una ya que no se tiene.
Feliz semana, amigos. Y comed todas las perdices que la vida os ponga en el camino...

miércoles, 21 de junio de 2017

PATE DE ATUN Y TOMATES SECOS

La semana pasada, por primera vez en mucho tiempo, falté a mi cita cucharera. Mal, muy mal. Sobre todo teniendo en cuenta que soy una persona cuyo nivel de compromiso con lo que emprende roza lo obsesivo. Sin embargo, al sentarme a escribir tenía la sensación de que a quién narices le importan mis batallitas pasadas y presentes. Si no me estoy poniendo muy cansina. Si no es mejor darlo ya por terminado. Sin embargo, tras reflexionar un poco, me doy cuenta de que añoro escribir, y de que si no me obligo de algún modo, dejaré de hacerlo. Sigo, pues,  publicando, de momento, aunque puede que espacie un poco los contenidos. Me resulta catártico y me ayuda a ponerlo todo en perspectiva. Así que aquí estoy de nuevo, como la moneda falsa que soy.  Con el permiso de ustedes.
Mi hijo se ha marchado a pasar la semana a una casa rural, donde al parecer alguien ha tenido la insensatez de albergarle a él y a otras diecisiete criaturas en edad de merecer. No sólo eso: en la finca hay gallinas y les han autorizado a coger los huevos, hay que tener valor. Me niego a asumir mi cuota parte en el estrés postraumático que puedan sufrir los pobres animales. Todos los asistentes son chicos, todos acabaditos de terminar el curso y todos exhalando una enloquecida estela de hormonas que casi resulta visible al ojo humano. Dios nos asista: el mío aún no ha cumplido los dieciocho, y según el Código Civil (art. 1903), aún está bajo mi guarda (¡ja! cuando le veo, supongo) y estoy obligada a responder por los daños que cause a terceros de buena fe. En fin, tengamos confianza en la providencia divina y encendámoles un par de velas al santo del día. En cualquier caso, me enteraré de cualquier percance: se ha creado un grupo de whattsapp de padres de Niños Asistentes a la Casa Rural, (casi todos ya mayores de edad, a todo esto) en el que gentilmente he sido incluida. Hay que agradecer la labor de esos padres que han hecho la compra, han recogido los fondos y se han encargado de todo, aunque yo creo, rancia que es una, si no son ya más que mayorcitos para habérselas arreglado ellos solos. Pero eso no lo pongo en el grupo: no voy a ser yo la que les estropee la diversión. Los chicos no tienen la menor posibilidad de actuar a nuestras espaldas. Todo ha sido controlado, organizado y solucionado al detalle, sin que las tiernas criaturas hayan tenido que mover ni un dedo. Como padres helicóptero, unos profesionales. Ya te digo.
Veo pasar por mi calle a los niños que arrastran sus mochilas los últimos días de colegio, y una es tan rematadamente idiota que AÑORA los tiempos en que se las veía y se las deseaba y tenía que hacer mangas y capirotes para colocarlos la última semana de junio y el mes de julio enterito.  Cuando eran muy pequeños, hubo años que incluso su padre y yo nos turnamos para las vacaciones, lo cual resultaba absolutamente desquiciante. Cuando uno venía inocentemente de trabajar, el otro se le echaba encima como una pantera para contarle LA MAÑANA QUE LE HABIAN DADO LOS %%%%%%&&&&&&&$$$$$ NIÑOS. Y, en los años siguientes, a enganchar un campamento con otro y una acampada aquí y unas jornadas de deporte allá. y llegar con la lengua fuera a recogerlos, encontrando a uno de ellos (al que le gustan las actividades de grupo), absolutamente espitoso y pasado de vueltas, y al otro (el que ODIA las actividades de grupo, en lo que ha salido a mí), arrastrando los pies y rezongando todo el camino de vuelta a casa.
-¡¡¡Mamá!!! ¡¡¡Y hemos hecho un xxxxx!!! ¡¡¡Y hemos jugado al  zzzzz!!! ¡¡¡Y!!!....
-.................. zzzzzzzzrollopatateroxxxxxxxx...........ymañanaotravezyfffffggg..........
Y los días que había huecos, a apañármelas con el trabajo como podía, a visitar museos, aulas del mar, o a soltarlos en la playa con un bocata y una muda. Una verdadera locura, y así y todo, lo añoras. Porque los problemas que planteaban los niños eran fundamentalmente incomodidades de orden práctico que se solucionaban, mejor o peor, día a día. Sin embargo, cuando son mayores, todo son inquietudes de largo recorrido. Cuando les va mal, porque le va mal. Y cuando les va bien, porque se te van a ir ya mismo y no puedes soportar la idea. Y espiar a uno y otro a ver si está triste, si está contento o si está con el rabo torcido (lo cual ocurre con notable frecuencia), y llevarte bufidos a diestro y siniestro, por petarda y por cansina. Ahora, y no antes, comprendo como nunca a  mi madre, cuando te miraba a ver cómo respirabas, y te llamaba si no te veía y te daba la tabarra de mil y una maneras, porque era su manera de demostrar cariño y preocupación por ti. Y para ti era, simplemente, un soberano incordio, porque a la madura edad de diecisiete años lo sabes todo y tu madre, que por supuesto no era persona, ni hizo nada de provecho hasta acometer la gloriosa tarea de ponerte a ti en el mundo, no se entera de nada. Lo que uno no sospecha jamás es que eso no dura para siempre, que llega el día en que los padres faltan y a nadie le vuelve a importar tu bienestar de ese modo. Así que, aquellos de vosotros que los conservéis aún, haced un esfuerzo por salir de la condición de capullo que conlleva la de hijo, (sin ánimo de ofender, que buena gente ya sé que sois) y disfrutadlos todo lo que podáis. Por mucha lata que os den y por mucho que os cuenten las mismas cosas trescientas veces. 
Tenía que decirlo. Qué a gusto me he quedado.
Y ahora la receta, que es tan simplona que casi ni merece tal nombre.  La encontré en una revista, pero compro tantas de cocina que no recuerdo en cuál. Es una marranada untable muy rica, muy sana y muy propia para poner de aperitivo.
Ingredientes:
-20 tomates secos.
-80 gramos de almendras tostadas.
-Una lata pequeña de atún.
-Un diente de ajo.
-Un pellizco de orégano.
-Aceite y sal.
Primero se rehidratan los tomates secos. La solución lenta es tenerlos en agua toda la noche. La solución rápida es meterlos en un vaso con agua y meterlos al microondas, potencia máxima, tres minutos. Funcionan igual de bien.
Se ponen en el vaso de la batidora todos los ingredientes y se empieza a batir, añadiendo el aceite a hilo hasta obtener una crema espesita. Se sala al gusto y luego se coge una barra de buen pan y se empieza a untar como un poseso. Se conserva bien en la nevera, cubierto de aceite.


Y a llevar bien el fin de curso. Lamentablemente, sigo sin encontrar un campamento para madres. Tendría que fundarlo yo misma... ¿Quién se anima?
Feliz semana a todos.